Rocío en el Cielo de los Hombres Tristes Lentísimo
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 | Seres de Silencio orante, escuchen Verklärte Nacht, Opus 4 / es la Noche Transfigurada de 1899, en Viena y estoy de paso con un Delantal Blanco colgado del antebrazo. / Acabo de terminar una Intervención Quirúrgica. Tengo / manchas de Sangre sobre el Mantel que me Besa y miedos / que me cuelgan nublándome. ¿Alguien desea una Bebida gaseosa? |
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Rocío Sariego. |
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Gustavo Adolfo Becerra
Cántanos, Luis Enrique, la Noche de Managua.
Nos anticipan bandadas de pájaros y desvelos
porque nada es tan solemne como esta quemadura de pellejo y quebradura de lengua.
Parece ser el cielo Otro Cielo cubierto
por nubes hechas de cartón-piedra. Esperamos la luminosidad.
Periódicos que nunca tuvieron Sitio en la arquitectura
categorizan sus demandas. Y parece que llueve.
Y manzanas llueven, quizás manzanas. No lo sé. ¡Cómo podría saberlo!
Almácigos, desde donde surgirá el Verde que soñaste,
me hacen creer que estamos en Valparaíso.
Campos Experimentales en cuyas certezas crecen Margaritas,
resisten en sus Culpas al que Va de Paso. Y el que Va de Paso
siente esa Resistencia como propia. Braman Toros de Lidia
(en ese mismo espacio literario) escribiendo sus pezuñas.
Ralladuras de Cóndor quedan / ahí quedan / nada más.
Y ganas de No-decir (maldice). Eso sucede, mis enésimos.
Interesado en saber por qué lloramos / re-inicio viajes que he preparado anticipadamente.
Por virtud tengo la dedicación al detalle: reparo
en Absurdos / minúsculos y zarpan Naves en Mares
que nos quitarán / el Misterio y los latidos.
Y quisiera aquello que no es. Mido con Instrumentos de Precisión
las nubes que dejas sobre el Piano la Mano del Ejecutante.
Y es tanto el Vacío que se altera la Realidad
por otros Organismos Vivos. A ese Olor de nada, le suceden Interjecciones
pues toda lectura es una re-invención del Espejo, y —se diga lo que se diga-—
el derecho al Grito (uterino y carnal),la vomitada y deplorable Sala del Hospital Público, carajo cómo duele, es una Urgencia que se Alza.
La verdad es que tiemblo y pierdo el apetito
con frecuencia, / incluso temo sufrir de parkinson.
Casi no salgo de noche. Y enciendo luces innecesariamente.
Tengo Registros de Episodios in-olvidables: el Gran Lago de Nicaragua
se secará en el río San Juan, esperándonos.
Bramarán sobre el Mar Caribe las Bocas del Toro / y otras
Panamás comenzarán a aparecer sobre las Montañas.
Nunca cruzaremos el Cerro de la Muerte / ni buscaremos quetzales.
Morimos de deudas. Hipotecamos el Cielo y los Clavos.
Referido al Tiempo el Clavecín deja la Orquesta Muda
y brillan las semillas sobre la Superficie. Y el telón habla de su Oficio Matriz y rezo.
Desde Otras nadas (que no puedo significar) brotan / declaraciones de amor,
palabras que la Memoria decodifica sin modificar sus Vértebras.
Ni su altura. Cerros que me vieron pasar, acumulen recuerdos.
Vi llover Claveles Rojos. Fue un Acto sublime.
Ningún atardecer puede comparársele. Ninguna abreviatura.
Caían sobre Pelajes, Sombreros de Copa y Racimos. El Viraje
de la Oscuridad sobre los Dolores y el viento. Hermanos (expuestos en serie),
siéntanse en su Casa: no somos la Representación de la Lógica y la Duda.
Hablé de su Sol (y lo hice con dulzura) como Constatación
Sonora del Amarillo. Fue un buen gesto.
Nunca hubo Retorno. La señal se perdió en la Milpa. El Cazador de Relojes
perdió la Hora Exacta. Por eso, el cerebro deja de ser una metáfora.
Y la lluvia del Sur ejecuta a las Mariposas / que transgreden estos Horarios.
Haciendo Gala de su Plenitud oficia y condena.
Mis vespertinas vuelven al Tejado de Vidrio. Y yo hundo
manantiales en la Oquedad. Cada relámpago en su seda original
cultiva los Nuevos Territorios. El final es Previsible.
¿Es verdad que Tembló sobre la Mesa de la Palabra? Supongamos que nunca
hemos estado aquí / que sólo hemos visitado las Plataformas
petroleras por cuestiones fortuitas: precio posible y oferta deseada.
Ninguna cicatriz en la Cervical y en el Átomo / agota la Vida
en las Arañas del Mundo Físico. Sólo eventuales semillas adaptándose
vehiculizan el nuevo Vuelo y determinan la condición humana, si acaso.
Abofeteado Dios, sólo queda el Camino de Ranquilco.
Ripiados de Estacas, sobrevivimos a la hiena y el Potrero.
Impulsado por el descubrimiento comienzo la Escritura
como un Acto Formal de Aproximación.
Escucho el Encantamiento (y la conciencia de lo inexplicable)
sin nunca haber buscado el Borde del Abismo.
Señalo el entorno como una profética. Ilumino
Cavernas donde duermen los Niños Abandonados,
rasurando mis propias Iniquidades. Buscando ser otro
que nunca existirá en el Paisaje. Hace mucho frío y la riqueza
tímbrica no es tal. No vale lo que solía. El viento acumula
Directorios Telefónicos sobre astillados muebles, sin intención
de quitarle Peso a la Memoria. Y sin otro Dominio: aflojo los espineles.
Palabra que no tengo Noción-Mar en los Alvéolos.
No te cruces en mi camino. Prefiero el Pan que un Día
Comeremos al Banquete de los Conjurados. Ay, niña, quiéreme.
Viro Trajes colectivos aún en Uso con Paciencia de Sastre.
Intento el Vuelo de algunos Pájaros Musicales
en esa blandura que palabrea sus últimos recodos.
Háblame abrazado a esa Unidad simétrica / que lucha.
Igual que en los Inéditos, la palabra fluye de la Mejilla que contempla;
y en el Acto Consagratorio toda Miel es Mezquina.
Reflejo una Mitad que desconozco sobre el Cuerpo Místico.
Dios de las Palabras que nunca Existirán, recuerda el Amanecer.
Recuerda el Amanecer y el criterio
geométrico que utilizan las Vacas para despertarse.
Creo que sobrevivirán: seamos justos con las Hierbas sin sombra.
Apodérate de lo solemne del Epitafio: tanto frío no pudo enlutarse.
Y el Río. Blanquea la Orilla la Huella que nos disipa. Sobresale el Perfume
de las Partituras y estoy sordo. Sabiendo del Impulso / la recta
deja de ser dimensión verificable. Y el des-consuelo aviva la llama.
Tengo más de Cuatro Tiempos en la Desnudez del Hueso.
Embellezco el Destino que parte (hacia esa Nada in-explicable).
No te vayas— grito, no te vayas: todas las evoluciones del violín
en esa Máscara: el Cielo del Teatro Vacío y las butacas ...
y el viento sobre los alambres de los abandonados. 
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