Nuestros santos son santos
MagdalenaPeralta*
No vivo en Nicaragua pero leo LA PRENSA por Internet aunque no diariamente. Por eso el artículo Los santos que no quiero imitar del señor Miguel Ernesto Vijil Ycaza, publicado el 18 de octubre 2004, llegó a mis manos muchos días después.
Mi primera sorpresa es que Vijil se llama a sí mismo un fiel cristiano pero se infiere que se considera cristiano católico. Si ese es el caso creo que el señor Vijil no se ha dado cuenta que se ha vuelto un hereje. Los católicos como todos los grupos religiosos y no religiosos tenemos nuestras creencias y reglas del juego y no las escogemos como de un buffet según el gusto del consumidor sino que optamos por el banquete entero que es nuestra Fe.
Para nosotros el Papa es el Vicario de Cristo en la Tierra y cualquier santo que llega a ser declarado como tal por él, ha pasado primero por un escrutinio muy cuidadoso de la Iglesia para atinar que el candidato posee virtudes heroicas que sirven de ejemplo a los fieles en la Iglesia. Quizá Vijil no encuentre esos ejemplos por su actitud de franca rebeldía. Pienso que ni la preparación teológica ni la actitud de Vijil, lo autorizan para criticar al Santo Padre, a quien los fieles católicos consideramos también un santo de nuestros tiempos.
El hecho de que la mayoría de los santos en la Iglesia, según Vijil, no son buenos arquetipos porque a su criterio tenían convicciones científicas o políticas que ahora son consideradas equivocadas, no los hace menos santos. Aunque ni lo científico ni lo político están reñidos con la santidad, tampoco pueden descalificar las virtudes señaladas en el Evangelio que nunca son negociables. Vijil como académico debería saber que es difícil juzgar el pasado desde la perspectiva del presente.
Como la típica persona de la izquierda, Vijil todo lo divide en esos términos: “derecha e izquierda”, hasta los santos en el cielo. Él declara que los santos canonizados por el Papa actual son de la “derecha”. ¿Qué hemos de deducir, entonces? ¿qué sólo los de “la derecha” poseen las virtudes necesarias para calificar de santos? Así parece pensar el señor Vijil. Hasta dónde se ha sabido, en la historia de la Iglesia, todavía no se ha descalificado a ningún santo por su posición política. ¿Será que la izquierda tiene una visión de la persona, del mundo y la historia que no cuadra con la santidad?
El desacuerdo de Vijil con la beatificación del emperador Carlos de Austria-Hungría por su vínculo de sangre con personas que cometieron errores, lo encuentro francamente injusto. ¿Acaso el señor Vijil es culpable de los pecados cometidos por sus familiares?
En cuanto a los posibles candidatos que a criterio de Vijil tienen las cualidades para ser llevados a los altares, ¿por qué no busca comenzar la causa para sus respectivas beatificaciones? No dudo que si lo merecen la santa Iglesia los admitirá.
Vijil se refiere al Capítulo 25 del Evangelio de San Mateo y cómodamente, como todos los de “la izquierda”, deja fuera los 10 mandamientos. Jesús dijo muy claramente: “No he venido para quitar ni una tilde de la Ley sino a darle su plenitud”. En cuanto a tantos santos canonizados por Su Santidad Juan Pablo II: ¿No será que el mundo de hoy, por su falta de reconocimiento del pecado, necesita de muchos intercesores?
* La autora es profesora de Historia

|