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La manipulación de juegos pirotécnicos por los niños sin el cuidado de sus padres puede dejar secuelas trágicas. Un claro ejemplo es Humberto Flores Guzmán, de cuatro años, a quien su curiosidad lo llevó a hurgar entre desperdicios de cohetes y cachinflines, resultando con la pérdida de su ojo izquierdo y afectaciones en su mano derecha, al explotarle un petardo. En estas fiestas de La Purísima lo mejor es que los niños no manipulen pólvora.
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