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Noticias >> Entrevista
Alberto Barrera, biógrafo de Chávez: “Hugo Chávez es una emoción”
Militarista, mediático, egocéntrico, perseverante, violento en su discurso, el político más hábil de Latinoamérica. Todo lo anterior es Hugo Chávez para su biógrafo no autorizado
Amalia Morales
Especial para Domingo
domingo@laprensa.com.ni
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Alberto Barrera Tyszka (1960) es autor —junto a su esposa, la periodista Cristina Marcano— de la biografía más completa que se ha publicado sobre el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. O, por lo menos, la más equilibrada y exhaustiva, según ha valorado la crítica.

En “Hugo Chávez Sin Uniforme, Una Historia Personal”, el dueto Barrera-Marcano, reconocidos periodistas y escritores de Caracas, hacen una reconstrucción espléndida de la vida del gobernante venezolano de 53 años, que viaja a La Habana, Cuba como quien va al pueblo de su infancia a conversar con un viejo amigo, en este caso con el dictador de izquierda más antiguo del continente, Fidel Castro; y, que por otro lado, aprovecha cualquier podio para despotricar contra el que considera el enemigo número uno de su revolución: George Bush, presidente de Estados Unidos.

Para indagar la vida del gobernante venezolano, Barrera y Marcano, entrevistaron a unas 60 personas muy cercanas al líder. A través de largas conversaciones escudriñaron en el carácter fuerte y artero de ese Chávez, que fue criado por su abuela paterna, que no duerme más de cinco horas, que fuma y toma café como un condenado y que es violento con las mujeres.

La pareja de sabuesos tuvo acceso, entre otras cosas, a los diarios del mandatario. En ellos encontraron un detalle de algo que el ahora gobernante siempre ha negado a la prensa: su anhelo de ser presidente. A los 19 años, cuando era un militar raso que alguna vez rindió honores en un acto militar al ex presidente, Carlos Andrés Pérez, Chávez soñaba con ser presidente algún día de la nación de los petrodólares.

Esta biografía se publicó en el 2005. Dos años después, Barrera, que es columnista habitual del diario El Nacional de Venezuela, uno de los más importantes de su país, dice entre risas, que quiere zafarse un poco de esa “nube” llamada Chávez que parece perseguir a los venezolanos dondequiera que van. Esta vez lo persiguió hasta Bogotá, Colombia, a un seminario de literatura que se celebró semanas atrás y al cual fue invitado como panelista. Allí —consciente de la curiosidad que despierta su mandatario en países como el nuestro, donde se sabe mucho y nada a la vez de Chávez, que para algunos es un benefactor y para otros un entrometido que mal influencia a Daniel Ortega— el escritor respondió algunas preguntas para LA PRENSA con el tono cálido que caracteriza a los caraqueños.

::: ¿Por qué le interesóhacer una biografía sobre Chávez?

La idea de esa biografía nace de un editor mexicano, nos la propuso, a Cristina y a mí, y nos planteó el desafío de pensar cómo explicarle esta realidad tan compleja, que es Chávez y Venezuela, a un lector extranjero. Finalmente, era casi como que nos explicáramos a nosotros mismos que tampoco comprendíamos. En ese tiempo (2003-2004) vivíamos todavía una polarización tan efectivizada, tan fuerte, que ese fue un camino para plantearnos un método con el que superar eso. Teníamos la ventaja que no habíamos vivido en Venezuela durante un tiempo, aunque íbamos a cada rato y eso nos permitía no estar tan intoxicados en esa temperatura.

::: Usted dice en el libro que casi al comienzo de su vida pública, el presidente Chávez decía que nunca soñó con ser presidente

En esta biografía hay una cosa que a mí me fascina, que es una cosa que él le declara a la revista Qué Pasa (Venezuela). El dice que de chiquito, mientras todos los demás querían ser Superman, él quería ser Simón Bolívar. Yo estoy segurísimo que eso es una reconstrucción a estas alturas, y que eso no pasó porque la ruralidad en la que él vivía, no creo que funcionara de esa manera. Es una cosa que él reconstruye heroicamente.

Pero ese no es el dato importante, eso le pasa a cualquiera, lo importante es que Chávez es el primer líder político venezolano cuyo referente en la historia está reflejado en un héroe de cómic. A mí eso me parece sensacional porque ahí refleja, también, la importancia que para él tiene lo mediático. Él proviene de un mundo que ya es posmoderno con respecto a los otros presidentes venezolanos, todos nacidos también en el campo, muchos también en la miseria, pero ninguno en la era de la televisión como él.

Chávez es un personaje que habla tanto, que construye su autobiografía diariamente. Es autoreferencial, todo el día habla de sí mismo, y además, va variando como la mayoría de nosotros. La memoria funciona así, más si estás en el poder, un poder que le permite irse construyendo como la leyenda que está esperando una zaga heroica. Es natural que él revise su infancia y la quiere recuperar de otra manera.

::: ¿Qué detalles lo sorprendieron de Chávez?

Uno descubre que Chávez es mucho más complejo de lo que piensa la gente.

Me sorprendió que Chávez, y el proceso venezolano, sea realmente complejo y no esta simplificación religiosa que se promueve de lado y lado.

Y después me sorprendió la subestimación que hubo sobre Chávez. Las élites, afuera y adentro, pensaron que era un militar chambón, un “militarote” improvisado, saboteador de las formas, que no iba a durar nada, y es posiblemente el mejor político que exista en América Latina, porque tiene el ojo más agudo, el que sabe detectar rápidamente la realidad en una serie de cosas y reelaborarlas, reinterpretarlas y devolvérselas a la gente de otra manera. Además, tiene una cosa que en Venezuela es muy rara en los políticos: sabe esperar, es un tipo con una terquedad y persistencia absoluta (…) este hombre a los 19 años soñaba con ser presidente, tenía la conciencia de la celebridad y en esto no hago un juicio moral. No digo si es bueno o es malo, digo que está.

::: ¿Chávez es un caudillo o no?

Yo creo que es el primer caudillo petrolero y mediático que tenemos. No había visto nunca en Latinoamérica una conciencia de ese estilo, con un uso de los medios tan inteligente.

Chávez se dirige a sí mismo. Él en los actos tiene un monitor y va viendo y puede decirle a la cámara: “tienes que ponerte así o de tal manera”, sabe cuando la gente está distraída o no. El maneja al público y no es azaroso porque cuando intentó hacer un golpe militar fracasó pero triunfó mediáticamente, sabe que gracias al poder mediático logró ese liderazgo y yo creo que esa conciencia es muy importante.

Por otra parte, Chávez es una emoción, una emoción mediática, transmite verdad. Te mira a los ojos por la cámara, y además no tiene pudor en hacerte una campaña y decirte: “te amo”, “amor con amor se paga”. ¿Cuándo la cursilería invadió la política de tal manera? ¡Nunca!

::: ¿Qué tan presente está Chávez en la vida de los venezolanos?

Creo que la sociedad venezolana vive alrededor de Chávez, y a él le gusta. Hace poquito Chávez dijo en uno de sus programas una cosa que a mí me pareció muy buena, contó una anécdota divertida, no sé cómo le llegó el cuento de que un niñito en una casa, le dijo a la mamá: “¿Oye, pero Chávez es el dueño de Venezuela?” Y la mamá le dijo: “No, no, él es el presidente, ¿cómo creés?” La nuez del cuento es que el niñito le pregunta a la mamá “¿Por qué no me pusiste Chávez de nombre?” Sí, es el mismo Chávez quien lo cuenta y se ve divertido con el cuento, eso te muestra un poco el papel que a él le gusta tener, el de protagonista.

::: ¿Y cómo ve a la oposición?

La oposición tiene varios problemas, hay una cantidad de gente que no está de acuerdo con Chávez y no tiene por qué ser oposición, lo que pasa es que se agarra inmediatamente como de oposición, nosotros no somos (se incluye) sólo oposición o gobierno.

::: ¿Hay un sector que se denominan los “ni-ni”?

Los “ni-ni” que nunca se sabe bien ni cuántos son pero parece que son muchos, ahí meten a cualquiera que de repente diga que el Gobierno hizo algo bueno, por ejemplo, yo digo un día en una columna, que el Gobierno ha hecho cosas buenas, entonces, recibo unos correos en los que me dicen que no sabían que estaba a favor del Gobierno, ahora me doy cuenta qué es “ni-ni” o que quizás soy un chavista encubierto. Quien no piensa que el Gobierno ha hecho cosas buenas no va a entender nunca al país.

::: ¿Usted dónde se ubicaría?

Obviamente soy crítico del Gobierno pero también de la oposición, sobre todo, de la dirigencia que ha cometido una serie de errores de colección y que todavía no entiende lo que está pasando, que no sabe leer el país, que no entiende realmente en qué país vive.

::: ¿No es realmente una oposición para Chávez?

Yo tengo un amigo que dice que Chávez se encontró una lámpara, la frotó y le salió un genio que le dijo pide: “tres deseos”, y Chávez le pidió: “el petróleo, Bush y la oposición venezolana”. (Suelta una carcajada que achica sus ojos celestes)

::: ¿Cuáles son los temores que tiene frente a Chávez?

El gran temor que tengo es que no tengamos más alternativa, que sea cual sea la salida, pareciera que tuviera que pasar por un escenario violento. A mí no me gusta la violencia. Una de las cosas que yo más rechazo es el discurso violento en Chávez, que ojo, no creo que la ejerza. Chávez es raro, en los momentos en que ha podido ejercer la violencia, nunca lo ha hecho. Ni el cuatro de febrero (1992 cuando intentó el golpe de Estado contra Carlos Andrés Pérez) ni el 11 de abril (2004 cuando hubo un intento por destituirlo del poder), pero su discurso es muy violento y azuza a la violencia, además, se arma.

::: ¿Qué cree que va a pasar con la reforma a la Constitución, con su sed de lograr más poder?

Pareciera que hubiera, en un momento, un guión cercano a lo cubano. La reforma a la Constitución es, sobre todo, una centralización del poder en Chávez, un poder inmenso, inconcebible. Hay una cosa que se llama la geometría del poder, que es así como una nueva posibilidad de organizar nuevamente todo el país, marcado a dedo por el Presidente. Como estamos hablando de marcos legales, siempre puedes o no ejecutarlos, pero ya tienes esa posibilidad: todo el poder para Chávez, lo que me parece preocupante es que no es “el Estado soy yo”, en esos términos del absolutismo, es “el pueblo soy yo”, aquí la soberanía no reside en las instituciones si no en Chávez, la representación del pueblo la tiene una sola persona y es Chávez.

¿Al venezolano le molesta cuando Chávez promete el cielo y la tierra a países como Nicaragua?

Creo que no molesta, obviamente habrá algún tipo de venezolano al que le moleste, pero al venezolano de a pie, no le afecta, el venezolano de a pie tiene la sensación de bonanza, estamos en una gran ebriedad, el gran problema es cuando venga la resaca. ¿Cómo será el país sin petróleo? ¿Cómo será Chávez cuando no lo quieran?

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