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Cristina Kirchner, candidata del oficialista Frente para la Victoria, luce una nariz de payaso pintada por sus opositores que esperan que las tendencias electorales les favorezcan para la elección de hoy. ( LA PRENSA/ AFP )
Oposición espera un milagro
Segunda vuelta sería una sorpresa fenomenal, dada la ventaja de la “señora K” sobre su fragmentada oposición
Líderes opositores se llevan como “los mil demonios”
Buenos Aires/ AP
Los cálculos

Según los coincidentes sondeos, Cristina Fernández basaría su triunfo en los sectores populares de la provincia de Buenos Aires, la principal del país y que concentra el 40 por ciento del electorado, pero tendría un adverso panorama entre las clases altas o en los grandes centros urbanos.

Salvo que todas las encuestas estén equivocadas, la primera dama Cristina Fernández ganaría con holgura las elecciones presidenciales de hoy, ante una fragmentada oposición que cree que la pelea no está perdida y que habrá una segunda vuelta electoral. Si ello ocurre, sería una sorpresa fenomenal.

La credibilidad de los encuestadores sufriría un durísimo golpe si la senadora y esposa del presidente Néstor Kirchner no se consagra por sobre otros 13 candidatos, entre los cuales la ex diputada Elisa Carrió y el ex ministro de Economía, Roberto Lavagna, entrarían segundo y tercero, respectivamente.

Los votantes esperan que se prolongue una recuperación económica que floreció bajo la gestión de su esposo, desde que asumió en 2003 entre los escombros de una de las peores crisis socioeconómicas de la historia argentina.

Más de 27 millones de argentinos están en condiciones de sufragar en las elecciones para elegir a su nuevo Presidente, además de la renovación parcial de las Cámaras de Diputados y Senadores nacionales.

También se elegirán gobernadores en las provincias de Buenos Aires, Formosa, Jujuy, La Pampa, Mendoza, Misiones, Salta y Santa Cruz.

El arco opositor, cuyos principales líderes se llevan como los mil demonios, está convencido de que las encuestas exageran porque estarían manipuladas por el Gobierno.

“La comunicación interpreta y registra lo que el poder quiere”, dijo Carrió, de la Coalición Cívica, al acusar al Gobierno nacional de instalar la idea de “que la disputa electoral ya la ha ganado”.

Los requisitos legales para que la candidata del centroizquierdista Frente para la Victoria eluda la eventual segunda vuelta fijada para el 25 de noviembre son obtener más del 45 por ciento de los votos o superar el 40 por ciento, con más de 10 puntos de ventaja sobre el segundo candidato más votado.

“Las elecciones están virtualmente definidas, salvo que se produzca una situación excepcional”, dijo Fabián Perechodnik, director de la encuestadora Poliarquía.

Dentro de una campaña proselitista que fue la más aburrida y anodina desde la restauración de la democracia en 1983, los opositores se desvivieron para acortar las diferencias y a toda costa buscaron un debate con Fernández, quien eludió ese desafío.

La primera dama empezó a mostrarse en actos populares recién en el tramo final de la campaña, quizás afectada por críticas que recibió por sus constantes viajes al exterior —con fondos del Estado— donde entre otros se reunió con el Presidente francés Nicolas Sarkozy, la Jefa del Gobierno alemán Angela Merkel, su colega español José Luis Zapatero y el ex presidente de Estados Unidos Bill Clinton y su esposa Hillary.

En las últimos días, la campaña empezó a entibiarse un poco cuando Carrió, Lavagna, que fue ministro de Kirchner hasta 2005, y otros candidatos, empezaron a instalar la idea de que podría haber un fraude electoral.

Alberto Rodríguez Saá, candidato de la derecha peronista y a quien las encuestas ubican en un cuarto lugar, acusó de “tramposo” al ministro del Interior, Aníbal Fernández, quien para garantizar transparencia en los comicios invitó a 80 veedores internacionales.

“Vos sabés que (esos veedores) no pueden controlar la elección y los citás el viernes para que la tapa del diario del lunes le dé un manto de pureza a la elección”, dijo Rodríguez Saá el miércoles a radio Rivadavia, como si enfrente lo tuviese al ministro. “Vos sabés que querés hacer trampa porque ella (Fernández) no puede ganar en la primera vuelta”.

Detrás de Rodríguez Saá se encolumnan el centroderechista Ricardo López Murphy, del partido Recrear, cuyo bajón sorprende ya que en las elecciones de 2004 cosechó más del 20 por ciento de los sufragios y ahora las encuestas le otorgan alrededor del 4 por ciento.

Y sexto sería el gobernador de la provincia de Neuquén, Jorge Sobisch, de orientación conservadora, a quien los sondeos le dan apenas el 3 por ciento de los votos.

Fernández, y su esposo, el mandatario Néstor Kirchner, permanecían ayer en la patagónica provincia de Santa Cruz (sur), donde están empadronados y deben votar para la elección presidencial de hoy en Argentina.

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