El ex obispo y candidato izquierdista Fernando Lugo, ganador de las elecciones paraguayas de este domingo, colgó los hábitos en la Navidad de 2006 para ser candidato, lo cual le valió ser suspendido “a divinis” por el Vaticano. La sanción “a divinis” le impide ejercer en adelante las funciones sacerdotales.
Si los resultados oficiales coinciden con los sondeos Lugo será el nuevo Presidente de Paraguay, sacando del poder al Partido Colorado, instalado desde hace 61 años, incluyendo los 35 de dictadura de Alfredo Stroessner.
El ex sacerdote —que trabajó en Ecuador con monseñor Leonidas Proaño, conocido por los ecuatorianos como “obispo de los pobres”— encabeza la Alianza Patriótica para el Cambio, una veintena de partidos y movimientos políticos y sociales, en su mayoría de izquierda.
Partidario de la “Teología de la Liberación”, Lugo dijo dos días antes de las elecciones que bajo su gobierno Paraguay no caería en “la polarización” ideológica de la región, evitando identificarse con una u otra corriente izquierdista.
“Mucho usamos últimamente la palabra ‘izquierda’ en América Latina. En una reunión de cinco personas, si se habla de izquierda habrá cinco conceptos de izquierda diferentes”, afirmó. “Nosotros haremos nuestro propio camino”.
Lugo, nacido el 30 mayo de 1951 en una familia humilde en la pequeña localidad de San Solano, 400 km al sur de Asunción, también dijo que haría una reforma agraria “diseñada y negociada con todos los actores involucrados”, sin caer “en procesos traumáticos ni violentos”.
Siendo el menor de siete hermanos (cinco varones y una mujer), ingresó al noviciado de los misioneros del Verbo Divino en 1970, y fue ordenado el 15 de agosto de 1977.
Desde hace tres años, a pesar de su edad, se mantenía como obispo emérito, sin cargo, luego de dejar la Diócesis de San Pedro, en el departamento del mismo nombre, el más pobre del país.
Sobrino de un dirigente del Partido Colorado que fue perseguido y exiliado por el dictador Alfredo Stroessner (1954/89), Lugo incursionó recién en política el 29 de marzo de 2006, cuando logró reunir a 40,000 personas de todas las tendencias para protestar contra el actual gobierno de Nicanor Duarte.
Aquel mitin en la plaza del Congreso paraguayo fue la chispa que lo decidió a colgar la sotana. Por ello, una autoridad eclesiástica lo describió públicamente por su rebeldía como “un puñal clavado en el cuerpo de la Iglesia”.
Su renuncia a su hábito fue rechazada por el Vaticano. Aglutinó a organizaciones campesinas, obreras, partidos y movimientos sociales minoritarios.