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Noticias >> Opinión
La dictadura “legal” del presidente Daniel Ortega
María José Zamora
La autora es sicóloga
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La mejor vía que han encontrado los dictadores modernos de “izquierda” para instalar su totalitario sistema y no parecerse a los “despreciables” dictadores de derecha, llamados “gorilas”, ha sido paradójicamente el sistema democrático

“Quien quiera acabar con la libertad de una nación debe comenzar subyugando la libertad de expresión”.

Benjamín Franklin (1706-1790)

No me ha sorprendido el fallo por injurias emitido por el juez Celso Urbina, en contra del Director de LA PRENSA, ingeniero Jaime Chamorro y del Jefe de Redacción, licenciado Eduardo Enríquez, pues esto es parte de una campaña bien montada para amedrentar al Diario LA PRENSA y a toda aquella persona, medio de comunicación u organización que critique y deje al descubierto el carácter despótico que define al actual Gobierno.

La mejor vía que han encontrado los dictadores modernos de “izquierda” para instalar su totalitario sistema y no parecerse a los “despreciables” dictadores de derecha, llamados “gorilas”, ha sido paradójicamente el sistema democrático. Así han pasado de golpistas, guerrilleros y terroristas a presidentes democráticamente electos. Tristemente, la pobreza económica, intelectual y moral de la mayoría de los pueblos latinoamericanos ha sido tierra fértil para que sean precisamente aquellos personajes que encarnan estas mismas características, los que logran desarrollar sus proyectos dictatoriales al amparo de la democracia.

La desfachatez con la que este Gobierno viola sistemáticamente la Constitución de la República de Nicaragua no tiene parangón en la historia nacional, más que con la década de los ochenta, recordada como la noche oscura. Tan segura he estado siempre de lo que significaría la presidencia del señor Ortega, que en un artículo titulado: “Prohibido olvidar”, publicado en este mismo Diario; el 21 de octubre del 2002, cuando ni se sospechaba que el susodicho volvería al poder, escribí:

“No hay que olvidar el pasado; se debe recordar la prepotencia y egoísmo que caracterizó a los dirigentes y gobernantes del período sandinista; mientras en sus hermosas casas ellos comían con opulencia, el resto del pueblo tenía tarjetas de racionamiento; mientras ellos y sus hijos dormían tranquilos, los hijos del pueblo eran “cazados” a la salida de los colegios o en las calles y enviados a morir a la línea de fuego, dizque para defender la soberanía. Ahora me pregunto: ¿Cuál soberanía?, si ellos mismos convirtieron al país en corredor y albergue de terroristas y narcotraficantes.

No hay que olvidar cómo este pueblo fue sometido a la guerra, al silencio, al terror de las “turbas divinas” y al espionaje perverso de los despreciables CDS. Se debe recordar con qué odio y saña destruyeron bosques, haciendas, monumentos, maquinaria de trabajo, etc., con qué avidez saquearon bancos, casas particulares, el patrimonio nacional, etc., ¡por favor! recuerden cómo era vivir en Nicaragua para quienes no éramos sandinistas. Este país pertenecía al Ejército y a la Policía sandinistas, a los intelectuales y artistas sandinistas, a los empresarios y campesinos sandinistas, a los pobres y a los ricos sandinistas… Solamente siendo sandinista o aparentándolo, podía una persona salvarse de no ser confiscada, amenazada, encarcelada o asesinada, en el peor de los casos.

Obviamente al fragmento anterior habría que hacerle algunos cambios para actualizarlo: en primer lugar habría que sustituir “turbas divinas” y CDS, por los nuevos CPC, y en segundo lugar cambiar sandinistas por pactistas (danielistas y arnoldistas); porque sostengo que el señor presidente Daniel Ortega no habría podido jamás, ni aún gobernando desde abajo, volver al poder; ni mucho menos gobernar con la arbitrariedad que lo hace ahora si no fuera por su nefasta asociación con Arnoldo Alemán Lacayo. La prueba más contundente que tengo para creer que el pacto Ortega-Alemán continúa, más allá de los “tontos jueguitos” entre diputados y magistrados arnoldistas que a diario hacen noticia y mantienen desinformada y engañada a la población; es el hecho de que Arnoldo Alemán no está en la cárcel Modelo, ni lo estará nunca; pues la estrategia de “la lucha entre los chicos buenos y los chicos malos” requiere que Alemán sea visible y circule libremente.

Aquellos sectores de esta sociedad (diputados, Ejército y Policía, líderes religiosos, medios de comunicación, empresarios y sociedad en general); que permanezcan apáticos, serán responsables o culpables por omisión, de la tragedia social y el desastre económico al que el pacto de Daniel Ortega y Arnoldo Alemán están conduciendo a Nicaragua.

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