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Mucha hambre en el mundo
Joaquín Absalón Pastora
El autor es periodista

Afirmaciones deprimentes merodean sobre la boca terrestre, manifestadas categóricamente por los expertos, quienes han dejado las medianas inflexiones para anunciar que el Apocalipsis está cerca. Ese fantasma ronda desde la niñez. Varios de ellos han estremecido al planeta, inundaciones, pestes, terremotos, guerras mundiales, pero ninguno ha sido el conclusivo.

Ahora el fenómeno está tomando la forma de un ogro incorpóreo pero exterminador. No se le ve, no se le toca, pero al olfatearse el ambiente, se le siente. Se quedó chiquito aquello de que “algo está podrido en Dinamarca”

No son los paganos del “libre albedrío” callejero los que vierten semejante posibilidad, son los especialistas de la macroeconomía mundial, con el lente del pragmatismo, con el efecto y no el anticipo de las premoniciones los que sostienen que viene el Apocalipsis. Lo ha dicho el presidente del Banco Mundial, Robert Zoellick. Siete años como si fueran las siete vacas flacas del sueño del bíblico Daniel, se han perdido en el empeño de reducir el hambre en el mundo, de domarlo y no de ponerlo en cero como lo ha manifestado y no en sueños sino en enfática promesa electoral el otro Daniel, el nicaragüense Daniel Ortega Saavedra. A esa redondez, a esa simplificación absoluta no podría llevarlo ningún mago, por muy hinchado de milagros que viniese.

Pero no sólo Zoellick levanta la voz con tono que invita al “sálvese quien pueda”, hay otros de parecida categoría que visualizan la proximidad del desastre: Dominique Strauss Kahn, director gerente del Fondo Monetario Internacional. Se suma al coro. Sitúa a la economía mundial “entre el hielo y el fuego”. El hielo “es un frenazo financiero brusco”. Pero el fuego es peor. El incendio que nos va a quemar es el alza de precios sin ninguna posibilidad de descenso, en los alimentos y en la energía, vuelo sentido desde Madrid hasta Puerto Príncipe. En esa ruta anda Nicaragua, en esa misma va del brazo con su fraternal Venezuela, con México, República Dominicana y Argentina, un frágil alivio —“consuelo para tontos”— es que en la travesía no va sola.

Hay otros personajes que sustentan ese criterio, como el director de la FAO, Jaques Diouf, quien pone al pan y la leche como los principales motivadores de los estallidos sociales ocurridos. Quién lo iba a decir, la santidad proteínica de dos vitales sustentos como factores de subversión, simplemente porque están en la lista de los incrementos irreversibles. Esa alza fue la cardinal provocadora de las explosiones en Mauritania, Camerún, Burkina Faso, Etiopía. O sea que ahora las protestas masivas no son causadas por la política, la religión o las ideologías. Ahora hay otro impulso para nutrir de más pasión a la hoguera: el hambre. Bien se le puede bautizar con ese nombre al volcán más eruptivo y destructor de la tierra: su furia la mide la disminución acelerada de los productos alimenticios y el ascenso en los precios en un viaje sin escalas al pronosticado Apocalipsis.

La crisis ya contó con el rodaje de la cabeza del Primer Ministro de Haití, circunscrito a ser el “debutante” en jornadas trágicas que han costado muertos y heridos en reprobaciones que han escogido a las panaderías como el centro de inspiración del clamor desesperado en una turbulencia en la cual son cómplices el precio en espiral del petróleo, la debilidad del dólar, la demanda de naciones emergentes y la inestabilidad financiera a nivel mundial. ..

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