“Si los hijos se comportaran filialmente, los padres paternalmente, los reyes realmente, los súbditos lealmente, todo marcharía bien en el mundo”. Confucio
Por más programas que proponga el presidente Ortega para combatir el hambre, este flagelo está aumentando bajo su gobierno. Vivimos una crítica parálisis de la industria, turismo y construcción, los que trabajan o trabajaban en esas industrias están viviendo el colapso que nos está cayendo. En León, proyectos para viviendas populares, de clase media baja y un parque industrial que crearía 1,500 plazas, cerraron antes de arrancar. En Managua varios proyectos habitacionales ya no van a comenzar. En Granada los negocios cierran.
Esto representa perder miles de empleos directos e indirectos, que agrava el problema de la pobreza, del hambre. Por más programas de Hambre Cero que se instituyan, el resultado que tiene el Gobierno es que el hambre avanza en el campo y la ciudad, debido a la parálisis en la economía, que engendra desempleo y hambre a sólo un año del nuevo gobierno.
Líderes gremiales del campesinado afín al Gobierno, comentan calladamente el hecho que el nuevo programa para erradicar la pobreza es manipulado favoreciendo a colaboradores cercanos, comiéndoselos la corrupción, compañera inseparable de estas campañas que no programan plan de pago para los beneficiados, lo usan como una estrategia de alineación por hambre, otra burla más a la miseria campesina, queriendo sacarlos de la pobreza con limosnas. En Raití se comenzó, lejos de todo y en presencia de unos pocos, zona donde siempre han perdido las elecciones, donde hubo genocidio. Hacen un plan estratégico para cambiar su imagen, para disimular sus crímenes y engañar al humilde campesino.
Hambre Cero es un programa asistencialista que contempla al pobre como sujeto de dádiva, no es un programa de producción que capitalice al campesino y lo trate como productor a quien hay que proveerle capital semilla, asistencia técnica, capacitación; así como organizarlo para funcionar en el mercado, para que ayuden a detener la importación de alimentos que se pueden producir en Nicaragua, ahorrando divisas que se fugan hacia otros países, a la vez que generarlas y que vengan a enriquecer a los pequeños productores y agroexportadores que trabajan en la producción de alimentos. El programa que debe crearse es para capitalizar productores, facilitarles la oportunidad de producir, comercializar, convertirse en sujetos de crédito, económica y socialmente independientes del Estado.
Nicaragua ha tenido miles de proyectos para combatir pobreza con demasiados millones de dólares de programas asistencialistas. Y según informes obtenidos de fuentes dignas de crédito, habemos aún más pobres con programas y caridades que han fracasado por su naturaleza asistencialista. Programas de ayuda alimentaria llevan 17 años en las zonas más pobres, pero nada ha cambiado. La miseria no se erradica con limosnas, se hace con inversión bien dirigida, capaz de crear empleos y riqueza.
El nuevo Gobierno lo que hace es formular documentos, llenos de palabrería vacía, mal intencionada; extensos documentos falsos ocultando el desastre gubernamentales. Resultado: productos alimenticios cada vez más caros y escasos encaminándonos a un desabastecimiento del alimento básico por las torpezas cometidas, por no tener la más mínima idea de cómo gerenciar un gobierno para el bienestar de todos sus ciudadanos.
Comenzaron el programa Hambre Cero en la zona donde, en los años ochenta llevaron a cabo el programa Sobreviviente Cero. En una comunidad de familias miskitas y mayangnas que habitan en la ribera del río Wankí, quienes carecen de lo básico en asistencia social para vivir una vida digna de un ciudadano que pertenece a una sociedad civilizada. Sin electricidad racionada, agua potable, desnutridos, en abandono, viven con recuerdos amargos de los años ochenta, cuando sufrieron la agresividad de sus ahora “benefactores”, una población que no entendía por qué su gente caía víctima de los bombardeos y la injusta violencia del Ejército nacional.
Ese es Raití, comunidad que vive en total abandono, agricultores y pescadores empobrecidos con esperanzas de ser, cuando algún gobierno se interese por ellos, una comunidad productiva y dignificada con justicia y oportunidades iguales a las de sus conciudadanos en el resto del país. La escogencia de esta región para el lanzamiento del programa del nuevo gobierno no está dirigida a ayudar desinteresadamente, sino ganar adeptos a su partido, ya que esta es una zona que aun a pesar que ha sido abandonada por gobiernos anteriores, ha rechazado el sandinismo a la hora de votar, han preferido hambre a muerte. Una comunidad de nicaragüenses vulnerables, pero honorables, saben quién está con ellos o contra ellos, que prefieren estar solos a mal acompañados.