Indiscutiblemente la liberación por parte de las FARC de las rehenes Clara Rojas y Consuelo González, ha sido motivo de felicidad no sólo para ellas y sus familiares, sino también para cualquier persona que se ponga en los zapatos de quienes han sido víctimas de un acto terrorista tan repugnante e inhumano como es el secuestro. Sin embargo, la vía a través de la cual se ha logrado esta liberación y la manera de publicitarla, controlada y manipulada por el presidente venezolano Hugo Chávez, es desde mi punto de vista preocupante; puesto que la natural euforia de recuperar a las rehenes pareciera disminuir, descalificar o, lo que sería peor, estimular el olvido del origen criminal y perverso de la anhelada liberación. Debido al tratamiento, más emotivo que crítico que usualmente le dan los medios internacionales de noticias a este tipo de acontecimientos, pareciera que el terrorismo en todas sus formas comienza a ser aceptado, por esta civilización, como medio “democrático” de negociación.
Considero inaceptable la vía del terrorismo para alcanzar cualquier propósito, por altruista que este pudiera ser. Los actos terroristas violan los derechos humanos más elementales y son cobardes de raíz, pues dominan y doblegan la dignidad de los otros a través del terror. Personalmente catalogo al terrorista como un criminal, como un psicópata que no tiene la capacidad de sentir empatía ni compasión de ninguna especie, no tiene conciencia del dolor que inflige a los demás ni el mínimo remordimiento por los actos más crueles y descorazonados que pueda perpetrar. La propaganda, inconscientemente ha vendido la idea de que estos grupos terroristas, llamados revolucionarios, tienen como ideales la justicia, la libertad, la paz, la reconciliación y la solidaridad. Con la careta de libertadores y defensores de los más pobres y marginados de la sociedad y cubriéndose con el nombre de alguna figura heroica de su historia patria, algunos de estos grupos terroristas han logrado, sin ningún castigo, sumarse a los procesos democráticos de sus países. Definitivamente no logro explicarme cómo funciona el sentido de justicia en este planeta que pide castigo para los dictadores y criminales de derecha y por el contrario acepta incondicionalmente a los criminales y dictadores de izquierda. Ya son varios los “compañeros” y camaradas golpistas, terroristas, asesinos, corruptos y hasta violadores que ostentan el título presidencial y no escucho ni una sola voz que los acuse, o al menos los señale, por los crímenes de lesa humanidad que han y continúan cometiendo impunemente.
Me parece prudente y consecuente la decisión del Gobierno de los Estados Unidos y de otros países, de negarse a eliminar de la lista de grupos terroristas a las FARC. No se puede predicar la paz y ofrecer democracia y libertad haciendo todo lo contrario de lo que ello significa. La actitud de los grupos terroristas cualesquiera sea su tendencia ideológica es injustificable, criminal y hasta cierto punto falaz, ya que cuando finalmente consiguen integrarse a la sociedad, participar en las contiendas políticas e incluso llegar al poder, insisten en continuar practicando sus antiguos métodos de intimidación, chantaje y castigo para quienes no comulgan con sus intereses, no logran resolver ninguno de los problemas sociales que suelen utilizar como banderas de lucha y son los peores enemigos de la democracia; convirtiéndose de la noche a la mañana en tiranos y dictadores, iguales o peores que aquellos a los que solían criticar y combatir.
Es lamentable que el dolor de los familiares de los secuestrados y la angustia a la cual ha sido sometida, por años, la sociedad colombiana, sea manipulada por las FARC y por su embajador ante el mundo, el presidente Hugo Chávez, al punto de obligar a la opinión pública a agradecer a los terroristas.