En el transcurso de los años, cadena invisible del tiempo, hay vidas que en el transcurso de las mismas han dejado notorios retazos de historia. Algunos, por su importancia positiva, se han constituido fundamentos del futuro; y otros, que teniendo actitudes nocivas, pasando ligeramente inadvertidos, dejan manchas negativas que son al mismo tiempo, partes oscuras e intrínsecas de la historia.
Desafortunadamente, en Nicaragua desde hace varias décadas los que han integrado e integran los Poderes constituidos del Estado, han venido dejando, con raras excepciones, esas manchas negativas. Algunos, por indolencia o falta de civismo, indiferentes aprueban o admiten arbitrariedades, de quienes infectados de la corrupción politiquera y cautivos de esa enfermiza ambición. A esos la Patria no les interesa.
También es lamentable ver que se está cayendo en un egocéntrico individualismo, ya que si algo arbitrario de momento no afecta en lo personal, también con raras excepciones se pasa de largo, aunque arbitrariamente sea lastimado indistintamente el colectivo. Lo que implica complicidad por omisión o tolerancia, si por tales desafueros no se hace lo posible para evitarlos con la debida protesta personal o colectiva.
Es preciso que en este año tratemos con verdadero civismo de borrar definitivamente esas oscuras manchas, que por largo tiempo han enturbiado el ámbito patrio. Los que con pactos politiqueros adulteran las leyes constituidas, siendo un verdadero escarnio en lo político y de manera específica en lo judicial, como últimamente se ha visto, los que sientan un vergonzoso precedente que promueve la emigración, ahuyenta la inversión y el turismo y es algo bochornoso para todos.
Si se adquiere la debida conciencia de las fallas que mantienen a nuestro país atado al subdesarrollo, aún teniéndose como se tiene, una riqueza potencial envidiable; vale la pena iniciar el año con aptitudes positivas. Nunca es tarde para comenzar. Sólo basta erradicar esos nefastos resabios individuales y saber que unidos de buena fe, sería fácil apartar del camino tales obstáculos que atrasan el auténtico progreso.
Tenemos que ser optimistas. Hay varios países que, habiendo estado en situaciones análogas a las nuestras o quizá peores, en poco tiempo han salido a flote y sabiendo superarse, sin trucos ni sobornos han alcanzando el pleno desarrollo; y actualmente son émulo ideal a seguir para, aprovechando todo lo disponible, mediante un baño completo de civismo y amor patrio, alcanzar el progreso nacional, familiar e individual
Tal optimismo y cambio de actitud, de manera óptima podría buscarse en la pasada conmemoración de la Natividad de Jesús, el Dios-Hombre; acercándonos a Él con fervor, como en otra ocasión lo hizo Nicodemus, a quien sugirió renacer en espíritu. Con lo que sería, además del baño de civismo, también un baño espiritual. Pidámosle para ello con humildad, la gracia de la fe necesaria; y así vivir como Él ha querido
De esa manera, la fusión de los años podría ser en lo sucesivo de apertura y esperanza realizable; y con una buena preparación educativa en todo concepto, se sentaría un precedente exitoso y brillante para las nuevas generaciones, haciéndose realidad a corto tiempo el sueño de Darío, de la patria grande, que es también el de la gran mayoría de la ciudadanía consciente.
Que Dios nos lo permita y que este año sea mejor en todo y para todos.