Ayer se cumplieron ocho meses desde que el Gobierno, que preside Daniel Ortega, solicitó el exequátur para la ex comandante guerrillera Leticia Herrera y este prolongado “silencio diplomático” costarricense se convierte en algo inédito en la historia reciente de las relaciones bilaterales con Nicaragua.
Hasta el momento el Ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica, Bruno Stagno, ha brindado diversas versiones sobre el atraso de la aceptación de Herrera. En septiembre dijo que Costa Rica estaba estudiando lo de su doble nacionalidad, pues ella nació en Costa Rica y en noviembre, tras la visita de Ortega a San José, Stagno pidió reciprocidad y dejaron claro que Costa Rica no daría el exequátur a Herrera mientras Nicaragua no aceptara a dos funcionarios ticos propuestos para ocupar cargos en el Consulado de Rivas.
Sobre esto, una fuente nicaragüense indicó que a inicios de diciembre 2007 los dos funcionarios ticos fueron aceptados. A pesar de estas versiones, LA PRENSA conoció extraoficialmente que Costa Rica le reprocha a Herrera el hecho de que haya tenido contactos con sindicatos ticos, que rechazan el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos.
Un ex diplomático nicaragüense, quien pidió el anonimato, considera que Costa Rica tampoco concibe a una funcionaria que tiene conocimientos en explosivos y experiencia en organización de masas, pues en tiempos de la revolución Herrera fue responsable nacional de los Comités de Defensa Sandinista (CDS).
Herrera trabaja normalmente en el Consulado general, ubicado en San José.