Ido, desequilibrado, insensato, maniático, trastornado, perturbado, desquiciado. Así luce cada día el caudillo sandinista con ínfulas de un “gran sultán” viajando en su “avión presidencial”, el Presidente de Nicaragua, Daniel Ortega Saavedra.
Ortega prometió en Venezuela adherir a Nicaragua a un ejército de la Alternativa Bolivariana para las Américas (Alba), para enfrentar supuestas pretensiones de agresiones de Estados Unidos y/o Colombia.
El presidente Hugo Chávez propuso una “estrategia de defensa conjunta e ir articulando nuestras fuerzas armadas, aéreas y ejércitos, marina, guardia nacional y fuerzas de cooperación, cuerpos de inteligencia”. Acto seguido advirtió: “El enemigo es el mismo, si se meten con uno de nosotros tendrán que meterse con todos nosotros, responderemos como uno solo”.
“Tocar a Bolivia es tocar a todos nosotros, tocar a Cuba es tocar a Venezuela, tocar a Nicaragua es tocar a nosotros”, dijo Chávez.
Ortega, prosélito de Chávez, destacó: “Si se meten con alguno de nosotros se estarán metiendo con todos (países miembros del Alba), tocar a Venezuela es incendiar la región, tocar a Venezuela es tocar a toda América Latina”. Y como si no fuera suficiente estolidez la de Ortega, agregó: “Espero que el pueblo colombiano tenga la fortaleza para frenar esta escalada que se viene desatando contra Venezuela y contra el proceso de integración de los pueblos americanos”.
Ortega con sus discursos trasnochados que alimentan las mentes retorcidas de sus seguidores (como aquellos que se enorgullecen de ser fundadores de las milicias de la guerra de los años ochenta y que siguen con un pensamiento anquilosado y a la vez oportunista), lo que hace es poner mal a Nicaragua.
Cómo se le ocurre a Ortega avalar semejante sandez de Chávez respecto a una posible guerra frente a Estados Unidos y/o sus aliados como Colombia. Lo que ambos dicen no son más que cosas dementes que ni siquiera el Presidente de Bolivia, Evo Morales, ni el de Ecuador, Rafael Correa, han celebrado de momento. Son locuras de mandatarios en un afán protagónico típico de dictadores.
Una vez más queda demostrado que el caudillo y su partido el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), después de su fracaso en la década de los ochenta, no son la opción para desarrollar el país. A un partido que reedita los desaciertos del pasado, al extremo de querer nuevamente la guerra, no se le puede dar la oportunidad que dirija los destinos de los municipios de Nicaragua. En noviembre próximo los nicaragüenses elegiremos alcaldes y los electores deben valorar que el FSLN no es la opción y se pueden fijar en el año de desgobierno (2007) y ahora con este llamado a la guerra que formuló Ortega.
Como todo tirano seguro quiere: enriquecerse aprovechando jugosos presupuestos militares, disfrutar de cadáveres en bolsas plásticas o ataúdes, ver familias destruidas, truncar el futuro de la juventud de Nicaragua con el Servicio Militar Obligatorio, dejar al país con una deuda millonaria, introducir matones disfrazados de oficiales de inteligencia y en fin quiere lo peor para el país. Vale que la Asamblea Nacional tiene control de actos como estos y eso no le sería posible a Ortega por sí solo.