Trabajar con jóvenes que se encuentran en alto riesgo a consecuencia de la falta de uno de los padres o en algunos casos de ambos, es parte de la meta que se ha trazado Ruth María González, habitante del reparto Ana Virgen Noble, de Jinotepe.
Desde hace año y medio comenzó la tarea y hasta la fecha ha logrado organizar a 140 muchachos en edades de 13 a 22 años. González dijo ser miembro de la iglesia Renovación Nazareno y con ayuda de Dios ha logrado desintegrar varios grupos juveniles, que hace un año estaban en una ola de violencia alarmante.
“Con ayuda de Dios y de personas altruistas hemos venido insertando a los muchachos en la sociedad”, explicó la señora, quien agradeció especialmente a Esmeralda Álvarez de Videa, presidenta de la Asociación del Patronato de Reos y Liberados de Carazo, quien ha dado un importante apoyo para este esfuerzo social.
Álvarez dijo que hay voluntad por ayudar a la juventud, pero a veces las entidades gubernamentales cierran las puertas a los jóvenes, cuando se solicita ayuda para donar accesorios deportivos, hacer canchas y otras necesidades.
“Se trabaja con las uñas y casi de forma personal, porque cuando se pide para estos jóvenes la ayuda queda en promesas”, dijo Álvarez.
Ruth María González señaló que el trabajo consiste en la recreación sana, a través del deporte, y han logrado entrar a los barrios jinotepinos Cruz de Guadalupe, Pila Grande y La Competencia.
“Hasta ahora tenemos una cancha de futbol sala en el reparto Ana Virgen Noble y agradecemos a Procredit que nos haya pintado y reparado este único recurso que tenemos”, aseguró.
Dijo que los jóvenes están contentos con esta ayuda, porque sólo necesitan un poco de espacio en la sociedad y que no los recriminen, ya que “hay instituciones que les niegan el trabajo por andar un tatuaje”.
Según González, el problema de estos muchachos se basa en la violencia intrafamiliar y el abandono de sus padres. Dijo que en muchos casos la madre queda sola y debe trabajar para sostener a la familia.