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El adiós a La Chureca
Arturo Portocarrero Argüello
El autor es un profesional jubilado
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Este relato tiene mucho de sentimental puesto que lo que hemos llamado La Chureca hasta ahora, desaparecerá en corto tiempo y pasará a manos de una compañía española recicladora de los desperdicios que se vierten en este basurero.

Ante todo quiero decirles de donde viene la palabra chureca. Es una traducción bastante buena, creo yo, de la palabra “chereque” que quiere decir cosa vieja, cosa inservible, cosa que se bota.

Ahora vamos a hacer una incursión dentro del propio campo de la basura.

La Alcaldía cuenta con cuarenta y cinco volquetes cuando todos están en buen estado. Estos volquetes pasan por la báscula alrededor de unas noventa veces al día y se calcula que al final de una jornada regular han transportado mil doscientas toneladas de basura. Esta cifra puede elevarse a dos mil doscientas toneladas en días festivos en Managua.

Este basurero está manejado por el señor Hildebrando Hernández Gutiérrez, el cual tiene dieciséis años de trabajar en La Chureca y tiene bajo sus órdenes un grupo de diez hombres, que son los que le indican a los camiones dónde deben verter la basura, de tal manera que no se hagan montones y además no tenga dificultad con los “churequeros”, que acuden inmediatamente al descargue del volquete, para evitar dificultades entre ellos a los cuales también controla. Estos hombres y mujeres están dotados para su trabajo de un largo palo en cuyo final se encuentra un gancho, que es con el que escogen lo que les va a servir para vender.

Tuve la ocasión de hablar con una pareja más o menos joven que me dio muchos datos de su trabajo. La pareja denota en sus rostros la calidad de trabajo. Son relativamente jóvenes y aparecen como gente vieja con arrugas prematuras debido al ambiente. Ellos me relataron que un buen día de trabajo significaba alrededor de doscientos córdobas cada uno, habiendo por supuesto días malos en que no llegan a cincuenta córdobas que ganan.

Me dijeron que vivían en La Chureca, en una casita (le digo “casita” porque hay que decir que viven en algo), pero realmente se trata de cuatro pedazos de zinc, de otro tanto de plástico, piedra cantera, hasta constituir un verdadero tugurio, en donde habitan con sus hijos, cocinan y tranquilamente comen a diario. Sobreviven en condiciones infrahumanas, sin embargo, viven satisfechos porque ese pedazo de tierra les permite subsistir y criar a sus hijos.

El momento culminante de La Chureca es el del derrame de la basura que llevan los volquetes. Esa es una batalla dantesca entre hombres, mujeres y zopilotes, que se sienten humillados porque los retiran, vacas, polvo y más polvo, un polvo finito que se mete hasta los pulmones. Presencié algo que lo cuento sólo porque lo vi. Un hombre encontró entre la basura una naranja cortada a la mitad y de la manera más natural limpió con un trapo sucio la superficie donde se cortó la naranja y tranquilamente la chupó y se comió el hollejo. Otro caso, el de una mujer que encontró un banano semipelado, lo terminó de abrir y también se lo comió. Qué horror, Señor, ver algo semejante, a los perros que se comen la basura en los basureros de la ciudad.

Esa es La Chureca, que pronto estará convertida en un botadero bien organizado, en que la compañía española dotará a esos, más o menos doscientos, “churequeros” de un sueldo quincenal o mensual.

Olvidaba decir que irónicamente hay dos comiderías que sirven un almuerzo por aproximadamente noventa centavos oro o dieciséis córdobas. Tranquilamente a la hora de almuerzo acuden a la comidería y se sientan en el suelo o en una piedra a comer sabrosamente lo que les sirven.

¿Quién en Nicaragua no conoce al padre Amado Peña?, hombre Santo que actualmente vela por los prisioneros para hacerles la vida más llevadera y que salgan de ahí hombres y mujeres aptos para vivir nuevamente en sociedad.

El padre Peña ha creado un comedor para los niños de La Chureca menores de 8 años, a quienes sirve comida diario. Son aproximadamente doscientas criaturas que han sobrevivido al horror de La Chureca, para convertirse en hombres y mujeres útiles a la sociedad y que reciben además una formación católica completa.

Así termina este relato de lo que fue La Chureca y que me parece que la mayor parte de la gente desconoce por dentro. Es con nostalgia que le digo adiós y que le desee un futuro mejor y más saludable.

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