Las palabras del título de este comentario, traducidas del latín significan “aprovecha el día presente”, pertenecen a Horacio y aparecen en algunas de sus Odas, recordándonos que la vida es corta y que debemos apresurarnos a gozar de ella. A simple vista, sobre todo a quienes no conocen a profundidad al poeta latino, la frase puede parecerles superficial y veleidosa, porque en apariencia sugiere que debemos asumir ante la vida una actitud, o más bien una forma de comportamiento, sustentado en doctrinas moralmente cuestionadas como el hedonismo o el epicureismo, las cuales consideran el placer como la razón de nuestra existencia. Pero en realidad, esta percepción de superficialidad es sólo aparente, pues un examen con espíritu analítico nos revela el verdadero mensaje, directo y profundo. Por cierto, y vale la pena hacer la aclaración, erróneamente se suele llamar epicúreo, al individuo que es afecto a la vida licenciosa y libertina. Nada más alejado de la verdad, porque los placeres que proclama Epicuro, el gran filósofo atomista, no tienen nada que ver con los goces materiales del ser humano y, por el contrario, están relacionados con actividades encaminadas a cultivar el espíritu y practicar la virtud.
A través del tiempo, nuevas interpretaciones sobre el “Carpe Diem”, más allá de su significado literal, que enunciamos al comienzo de este trabajo, poetas, filósofos e historiadores lo han definido como el “tema de actualidad”, el elemento preponderante que ha guiado a científicos y artistas a adoptar los derroteros de sus escuelas, disciplinas y tendencias, con las que se han forjado las sociedades, modernas y contemporáneas, con sus intelectuales, artistas, políticos y las diferentes formas de gobierno que se ponen en marcha de acuerdo a las preferencias e inclinaciones ideológicas de quienes detentan el poder.
Nicaragua no está ni ha estado nunca aislada de este contexto y dudo mucho que exista otro país que como el nuestro haya tenido tantas oportunidades de realizar su “presente”, su “Carpe Diem”. Uno tras otro, durante décadas, los gobiernos de turno han echado a perder los retos que les han sido presentados por la Providencia para sacar a este país de la pobreza y el subdesarrollo. Las razones para estos fracasos han sido y siguen siendo las mismas: torpeza; ignorancia; ineptitud; arrogancia, y falta de patriotismo, antivalores unidos a otros vicios como la codicia, la demagogia y la creencia generalizada de que todo aquel que alcanza el poder obtiene una especie de botín de guerra y un feudo de su propiedad que puede manejar a su antojo. Esta constante ha impedido que hasta el presente se construya en Nicaragua una sociedad mas justa y ecuánime, con instituciones fuertes y estables; una comunidad humanitaria y solidaria donde los pobres puedan tener acceso al menos a lo indispensable; una sociedad que no permita las emigraciones masivas por falta de oportunidades de empleo; un conglomerado que perciba que sus autoridades trabajan por su bienestar, que construyen el presente para asegurar el futuro, que no viven lamentándose de lo que otros no hicieron y que no olvidan que el presente es “hoy”, que el pasado jamás volverá y que el futuro seguirá siendo incierto si no se hacen las correcciones apropiadas, aunque por los vientos que soplan todo indica que seguiremos estancados y persistirán los nubarrones de incertidumbre que tanto nos mortifican.
Ojalá que quienes dirigen el país entiendan el mensaje y respondan a las demandas de la población que quiere soluciones “ahora”. En su interpretación del “Carpe Diem”, traduciendo una de las Odas de Horacio, el gran poeta don Luis de Góngora escribió estos versos: “corta la flor que hoy nace alegre, ufana, / quién sabe si otra nacerá mañana”.