La visita del general Omar Hallesle- vens a Fort Benning (Georgia), es el último de los gestos de buena voluntad y de construcción de saludables relaciones del Ejército de Nicaragua con el Ejército de Estados Unidos.
Inteligentemente, los altos mandos militares de nuestra institución castrense han visto en el acercamiento institucional la mejor vía para asegurarse una situación de credibilidad y de respeto en nuestro hemisferio.
De todos es conocido el papel del Ejército de Nicaragua en su lucha contra el narcotráfico en la región, y su rol en combatir el crimen organizado defendiendo así la soberanía de la nación.
Caminando en medio de campo minado, Halleslevens ha sabido ganarse una reputación de respeto y seriedad, a nivel nacional como internacional, tanto para él como para la institución que comanda.
En medio del discurso confrontativo del presidente Daniel Ortega, por encima de lo estridente y poco acertado de algunas de sus declaraciones, el jefe del Ejército trata a toda costa de mantener a la institución fuera de la contaminación partidarista.
Desafortunadamente Estados Unidos tiene dos grandes defectos: es poco generoso con sus aliados y su sistema democrático se paraliza cuando se avecina una contienda electoral.
En el caso nicaragüense, el apoyo recibido de parte del Gobierno norteamericano a nuestro ejército ha sido precario, sobre todo si se compara con la ayuda que han recibido otras instituciones castrenses de la región que no han demostrado la combatividad y efectividad de nuestros muchachos militares.
Estados Unidos, ante el empuje de la diplomacia chavista se está quedando solo.
Acaba de dejar desamparado a su principal aliado en la región, como es el gobierno del presidente Álvaro Uribe en Colombia, al negarle por oportunismo electoral un tratado que beneficia a ambos países.
Esto es como en el caso de Massoud, en Afganistán, en su lucha contra el Talibán.
Su respaldo consistió en pequeños juguetes (trinkets), como lo denuncia en su libro contra el terrorismo, Richard A. Clarke.
Pudiera ser que Estados Unidos esté dejando solo al hombre que tal vez en Nicaragua sea uno de los pocos que pueda disuadir al Presidente en sus ambiciones dictatoriales.