Plagas
¡Qué maldición ha caído sobre nosotros! ¡Qué pecado estamos pagando los nicaragüenses! Desde hace mucho tiempos sentimos que vamos cuesta abajo y de rodada… Tenemos el dudoso honor de poseer la inflación más alta de Centroamérica. ¿Los más altos precios de los combustibles? Están en Nicaragua, señor. Vuelan las zonas francas, se retira la cooperación internacional, tenemos un Presidente obsesionado por ser un líder internacional —candil de la calle, le decimos en Nicaragua— y que un día dice una cosa y al siguiente hace todo lo contrario… Y cuando ya creíamos que no podíamos estar peor, comienza un paro de transporte y se reactivan los apagones… Egipto y las siete plagas. Dios, ¿terminará pronto el castigo?
Culpas
Pero tranquilo, el Gobierno tiene respuestas para cada problema. Todo lo que sucede en Nicaragua es consecuencia de los “16 años de neoliberalismo” o bien producto del “capitalismo salvaje”, como lo llamó el Papa Juan Pablo II o una “conspiración de las fuerzas más reaccionarias y de la oligarquía criolla”. Pero si ninguna de esas respuestas le satisface, recuerde que allá en el Norte está “el Imperio”, malévolo y despiadado, de cachos, pezuña, cola y trinchante. Me sorprende que ya no le echen la culpa a los “45 años de dictadura somocista”. Qué raro.
Doble rol
Pero ojo, lo que está pasando en el país puede ser decisivo para el futuro. Lo peor que le puede suceder al Frente Sandinista es perder el control de las calles. Durante más de un año se han manejado en una extraña ficción mediante la cual interpretan dos papeles simultáneamente en este novelón, al bueno y al malo, al Gobierno y a la oposición. Y vemos cosas tan surrealistas como cuando el sindicalista Gustavo Porras está por la tarde con un mortero protestando por la misma ley que él votó como diputado por la mañana. Pero esta vez no han podido actuar según el doble rol que les gusta. Ya hubieran querido estar controlando el paro de transporte para dirigirla contra… las gasolineras, puede ser. Esos instrumentos del imperio… Por alguna razón que ellos no logran entender esta vez, los transportistas, muchos de ellos sandinistas, apuntan con el dedo al principal culpable: Daniel Ortega.
Hueso duro
Lo que pasa es que los transportistas escogieron un hueso duro de roer. ¿Saben ustedes lo que implica para Daniel Ortega destinar el dinero del petróleo venezolano a un fondo público para congelar el precio del combustible? Es que si fuese coger dinero del Presupuesto el asunto sería fácil. En este caso se trata de dinero que Ortega ya considera propio, tanto así que ni lo registra en el Presupuesto como correspondería y lo usa a su entera discreción. Comprometer ese dinero en un asunto nacional significaría que dejaría de ser para uso personal y partidario… sentiría como que le están metiendo la mano a la bolsa.
Cumbres borrascosas
Qué mal lució Daniel Ortega es esta “cumbre”. En primer lugar se le vio triste y melancólico porque no vino el presidente venezolano Hugo Chávez. “Si tú no estás conmigo no veo, no escucho, me pierdo en el camino, no quiero la vida…”, dice una canción de Pimpinela. Había otros problemas. El país vive un paro de transporte. Prácticamente no se acordó nada. Y la mayoría de países mandaron a sus segundos o terceros. Deslucida. Pero el principal problema para Ortega, creo yo, fue la ausencia de Chávez. “No hablo, no respiro, no sueño, no siento, no vivo, no sonrío, no creo en nadie, si tú no estás conmigo, conmigo, conmigo...”