Muy pocos conocen al doctor Luis Ramírez Feliu en Nicaragua. Su nombre no es tan popular como debería ser el desempeño de su labor. Este hombre “platicón”, abogado de profesión, de casi 70 años de edad y con apariencia de abuelo, pero que no lo es, fue invitado por la Cancillería General de la República para reconocer su destacada labor en favor de Nicaragua con la Orden José de Marcoleta, en el grado de Encomienda.
Durante los últimos 15 años se ha dedicado al trabajo de cónsul general honorario de Nicaragua en Barcelona. Entre la lista de proyectos que ha realizado, destaca la construcción del Área Psicopedagógica del Hospital La Mascota de Managua, la operación de corazón a un niño nicaragüense en el hospital San Juan de Dios de Barcelona, la intervención oftalmológica de una niña nicaragüense en el Instituto Internacional Oftalmológico de Barcelona, y el envío de una ambulancia totalmente equipada al Hospital Infantil La Mascota.
No es nicaragüense, por supuesto. Es catalán. Pero, según dijo, ama tanto a Nicaragua que desde que doña Violeta le dio el sí, como llama a la ex presidenta, decidió invertir parte de sus ingresos económicos en este “país amigo”.
¿El Gobierno le solicitó ser cónsul de Nicaragua en Barcelona?
No. Yo me ofrecí. Entonces conocí al embajador de Nicaragua en Madrid, el doctor Filadelfo Chamorro Coronel (1991-92). Y pues, bueno, yo tenía algunas amistades colaterales en Nicaragua y una confluencia que a veces decimos casual, pero que los mayores sabemos que las casualidades no existen. Entonces todas esas coincidencias hicieron que al final el embajador me propusiera como cónsul. Había otros candidatos, no es una cosa sencilla. Mi currículo pareció en aquel momento correcto, lo estudió doña Violeta y al final dio el sí. Vine a Nicaragua enseguida, hablé con la Presidente y le dije que lo que yo podía hacer de una manera más seria y sólida, sería ayudar al país en la formación de su gente. Un país sin formación nunca se desarrolla, nunca avanza.
Desde que asumió el consulado, en Nicaragua han pasado tres gobiernos distintos. ¿Cómo ha sido la relación con esos gobiernos?
La relación ha sido siempre buena. Yo no tengo nada que ver con la política de Nicaragua, ese es un tema de los nicaragüenses. Yo deseo que los nicaragüenses acierten siempre en el orden político, pero yo no me muevo en el orden político. Por lo tanto, en el orden consular, de apoyo en formación, todos los gobiernos me han prestado apoyo y no he tenido ningún problema. Son los nicaragüenses que tienen que opinar sobre política, yo deseo que opinen y acierten.
A manera general, ¿cree que Nicaragua ha avanzado?
Sí. Yo creo que sí. La Nicaragua que conocí hace unos 15 años sí ha avanzado pero todavía es necesario avanzar más, por supuesto, esa es la vida de la humanidad, seguir avanzando. Seguir avanzando con capacidades, con formación, la plata viene después. Si hay formación, viene la plata. A medida que avancen en la formación de los ginecólogos, salvar a un niño y una mujer, a medida que tengan técnicas mejores para diagnosticar los cánceres, que la meteorología de Nicaragua siga adelante, que los temas de psiquiatría sigan adelante, que los temas carcelarios sigan adelante.
¿Qué le hace falta a Nicaragua para que mejore sus relaciones con su consulado?
Pues que cuando el consulado pida alojamiento para españoles que vienen aquí a dar seminarios, se faciliten estos alojamientos. Que haya casas de protocolo, universidades, sólo pido alojamiento, no pido nada más. Y que cuando me envíen a las personas de aquí, pues que hagan la selección impecable que hasta ahora se ha conseguido. Cuando me he dirigido a Bluefields, a Puerto Cabezas, siempre he tenido dificultades, siempre me ha fallado la estructura, entonces me he apenado mucho porque también he pensado que Nicaragua no solamente es Pacífico, también es Atlántico.
¿Ha tenido pegones o se ha encontrado piedras en el camino?
Sí, pegones, como la piedra en el camino. Hmm… al principio, claro. Cuando las personas no me conocían, las que ocupaban cargos de cierta relevancia pensaban que éstas eran sólo palabras, hasta que yo pude demostrarles que eran hechos. Entones hubo un principio importante de respeto, de una parte y de otra. Ahora yo me dirijo a las personas que conozco, que van a elegir a las personas adecuadas, no por amistades ni por relaciones ni por influencias, sino limpiamente.
¿En algún momento ha querido tirar la toalla?
¡No! Si hubiera querido tirar la toalla, la hubiera tirado hace tiempo porque también me he llevado disgustos y he tenido piedras en el camino.
¿Por ejemplo?
Bueno, eh, particularizar nunca es bueno. Soy muy insistente y entonces al final sólo consigo las cosas. Ahora estoy intentando conseguir traer a Nicaragua tres catedráticos de escultura. Y bueno, ¿por qué hablamos de escultura? Pues porque también es necesario que las artes se pongan a niveles europeos y los alumnos de las artes tengan mejores conocimientos. Entonces estoy ahora en comunicación con el doctor Julio Valle Castillo (Director del Instituto Nicaragüense de Cultura), y a veces me plantea que no hay alojamiento, y yo sólo pido alojamiento para los catedráticos que traigo, el boleto lo paga España. Espero conversar con el doctor Julio Valle Castillo y conseguir que vengan estos catedráticos de escultura. Podríamos hacer algo en Masaya, en la entrada del parque, tengo un convenio con el parque de Masaya. Son tantas cosas, tan variadas que a veces mi esposa me riñe. Me dice “sólo utilizas el tiempo libre que tienes para Nicaragua”.
Usted es como un comerciante, ¿cómo vende la imagen de Nicaragua en Cataluña?
Cataluña es un país de comerciantes, empresarios, industriales. Es un país que entiende ese lenguaje. Tanto las empresas como los comerciantes, de algún modo... Yo ahora les voy a pedir esto, y —les digo— esto algún día puede ser valioso para ustedes, para Cataluña, puede establecer una relación. Si mejoran las relaciones técnicas de Nicaragua, sin duda el mundo repercute con mucha facilidad de unos a otros. No crea que me es difícil. Cuando me ven aparecer en Cataluña, dicen ¡cuidado! Pero yo no pido jamás plata. Pido apoyo, apoyo en formación, apoyo en alojamiento. No pido plata, jamás, todo el mundo sabe que la plata no existe en el consulado. Los presupuestos van directo al centro donde está el becario. Esto lo hablo pensando en Cataluña.
¿De qué manera consigue los fondos?
Son míos, personales nada más.
¿Y de qué vive?
Yo tengo que vivir, yo vivo de mi profesión. Mi presupuesto de cónsul, como es natural, es de 0,00. Es decir que yo asumo todo el presupuesto del consulado.
¿Cuenta con un equipo de cooperantes?
Tengo secretaria y alguna persona que apoya, pero esas personas que apoyan son con plata mía. No soy un hombre rico, soy un hombre que ha trabajado toda su vida, entonces si se tiene que laborar en un campo y tengo que hablar con los médicos, reunirme con ellos, entrego mi tiempo. Si tengo que tener atenciones con ellos, las tengo, un almuerzo de cualquier orden, o cuando llegan los nicaragüenses, mi asistente va al aeropuerto, los recoge, los lleva al lugar y los llamo constantemente cada ocho o diez días para que se sientan asistidos. Sigo con mucha seriedad la formación. ¡No me falla la gente! Las personas que llegan están bien regidas, no me fallan. Hay más fallo cuando quiero traer alguna persona aquí, hay problemas de alojamiento que me apenan, me disgusta. Con todo lo que España, Cataluña, está haciendo, un apoyo de solamente alojamiento no es un apoyo importante. Pues ahí es donde necesito ayuda.
¿Qué se conoce de Nicaragua en Cataluña?
Se tiene mucho cariño a Nicaragua. Se conoce desde la época final de Somoza, desde la revolución sandinista, está muy impregnada Cataluña de eso. Lo que ocurre es que este conocimiento que en su momento fue importante, luego, pasada la revolución y viniendo un orden democrático, los empresarios siguen con temor de que haya todavía una posibilidad de revolución y que no haya solidez empresarial. El encanto por la revolución ha cambiado, pero no quiero meterme en cuestiones políticas.
¿Han cambiado las relaciones?
No, bien, no, no, en esto no ha habido problema. Han habido diversos cambios políticos en Cataluña, pero no, se ha mantenido una línea técnicamente correcta de solidaridad y de afecto hacia Nicaragua que yo cultivo con todas mis fuerzas. Soy conocido. Cuando hago una llamada telefónica o pido una entrevista, ya saben que soy el cónsul de Nicaragua que va a pedir algo. Es un presupuesto muy fuerte, de mucha plata el que invierte Cataluña para la meteorología de Nicaragua, la formación médica también, formación psiquiátrica, de doctores, cuatro, cinco, seis meses de estancia de médicos en Cataluña vale mucha plata, siete, ocho, nueve mil dólares.
En el libro El Nicaragüense, su autor, Pablo Antonio Cuadra, describió al nicaragüense como alguien poco agradecido. ¿Qué opina usted de eso?
Yo he leído a Pablo Antonio Cuadra bastante, he leído El Nicaragüense muchas veces y tuve la oportunidad de conversar con Pablo Antonio Cuadra. Es natural que el nicaragüense sea desconfiado, el güegüense aparece porque tiene que defenderse, usa las máscaras simulando. Esa desconfianza viene de la época de la Conquista. Para que el nicaragüense vaya cogiendo confianza en sí mismo, pues hay que demostrarle honestidad, no engañarle. La primera vez que hablas con el nicaragüense, le ofreces una cosa, una beca, piensa que no será verdad, que será una presunción. ¡Es tan desconfiado! Pero cuando ya le tienes persuadido, cuando ven que es verdad, entonces ya confía totalmente. Yo comprendo la desconfianza del nicaragüense, ha sufrido mucho.