publicidad
Managua
03:16 am
08.10.08
Regístrese gratis aquí  |  Administre su perfil de usuario  |   
Portada
Última Hora
Política
Nacionales
Economía
Campo & Agro
Regionales
Editorial
Deportes
Sucesos
Internacionales
Opinión
Revista
Vida Social
Cartas al Director
Caricaturas
Agenda de Eventos
Eventos Empresariales
Tecnología
Religión y Fe
Mosaico
Entrevista
Enfoque
Hablemos del Idioma
Noticias >> Opinión
¿Daniel Ortega está hechizado?
León Núñez
El autor es escritor
publicidad

Una vez que los analistas políticos de Acoyapa demostraron de manera inobjetable que don Daniel Ortega Saavedra no está loco, empezaron a circular rumores de que está hechizado. Naturalmente que yo, que no creo en la hechicería, descarté de plano la veracidad de esos rumores.

Sin embargo, para satisfacer mi curiosidad, conversé con algunos analistas políticos de mi pueblo que creen en la brujería —en los aquelarres— y que son los que andan propalando los rumores de que don Daniel está hechizado.

Cuando pedí a mis paisanos que me describieran concretamente los efectos que había causado el hechizo en la personalidad del Presidente de la República, me dijeron primeramente que don Daniel, inmediatamente después de haber ganado las elecciones presidenciales en noviembre del año 2006, se había convertido, víctima de algún filtro satánico, en un marido de dominio.

Yo le pregunté al doctor Sergio Ramírez Mercado, por haberse relacionado muy de cerca, por muchos años, con la pareja presidencial, que si él creía que doña Rosario era la que mandaba, y me contestó que él podía asegurar que antes de 1990 “en la relación de Daniel y la Rosario el que mandaba era Daniel”, pero que actualmente no tenía ninguna base para asegurar lo contrario.

Después, para fundamentar la tesis del hechizo, se refirieron a la forma rara, como hipnótica, con que don Daniel se comporta en las tarimas —adornadas de sospechosas flores— desde donde preside con doña Rosario determinados actos públicos. La realidad es que no revelaron ningún dato de ese comportamiento raro, aunque sí dijeron que era fácil observar la mirada triste del presidente Ortega, una mirada como perdida en el horizonte; una mirada que solamente tienen los que, por haber sido hechizados, caen en “éxtasis chamánicos”.

Por otra parte, habida consideración del trasfondo religioso de la propaganda y de la escenografía política del Gobierno, mis coterráneos agregaron que el hechizo que le habían dado al presidente Ortega no solamente debía ser estudiado por la teología sino también por la diablología. Dicen que la ciencia diablológica debe ser la que nos diga porqué don Daniel prefiere actuar públicamente no a la luz del día sino después de que se pone el sol; que la diablología debe ser la que investigue si es cierto lo que andan diciendo algunas personas de que cuando uno se acerca al Presidente de la República se le siente un discreto tufito a azufre.

Según el secretario de los analistas políticos acoyapinos, lo antes expuesto nos daría cierta pista para investigar la razón por la cual algunos funcionarios públicos, incluyendo al propio Presidente de la República, califican de “diablas” y “diablos” a las personas que manifiestan su desacuerdo con la política gubernamental.

Debo manifestar a mis lectores que en la última reunión de los analistas políticos de Acoyapa se planteó el caso de Su Eminencia el cardenal Miguel Obando y Bravo, como víctima de un hechizo. Uno de los presentes sostuvo la tesis de que la inesperada y rápida metamorfosis del “chontaleño universal” en un furibundo orteguista había sido obra de un potentísimo hechizo, más fuerte aún que el que describe Shakespeare en Macbeth.

Sin embargo, la inmensa mayoría de los analistas políticos de Acoyapa que no creen en la brujería —ni creen en la tesis de San Agustín de Hipona de la “ilusión diabólica” de la metamorfosis— sostienen que el inesperado y repentino “orteguismo” del cardenal Obando se debe a que a Su Eminencia lo tienen agarrado, de cacho y barba, con “cosas gravísimas”, cuya publicación, con sus respectivas pruebas, constituiría una noticia escandalosa de gran impacto nacional y quizás internacional.

Seguidamente pregunté a los analistas que creen en la brujería sobre el contenido del hechizo o de los hechizos que le habían dado al Presidente de la República; les pregunté si le habían dado, por ejemplo, algún caldo hecho con sangre de murciélago, hígado de sapo, tripas de zopilote y raíz de mandrágora cortada al filo de la medianoche.

Tampoco fueron concretos en sus respuestas, y se dedicaron a hablar, sin hacer especificaciones de ninguna clase, de hierbas maléficas, de plantas y flores diabólicas, de brebajes infernales, de pomadas y untos demoníacos, de filtros satánicos, de ungüentos luciferinos… y hasta disertaron sobre la demoniología, la diablología y la satanología. Finalmente explicaron por qué el odio —como sentimiento del diablo— es odiado por el amor, y por qué en la lucha planteada por el diablo entre el odio y el amor el odio saldría derrotado porque “el amor es más fuerte que el odio” o al revés, el odio es más débil que el amor.

La posición que defendió la mayoría —un noventa por ciento— de los analistas políticos de Acoyapa es que el Presidente de la República no está hechizado, porque sencillamente no existe la hechicería. Aunque manifestaron que si se partiera del supuesto de que la brujería existe, en este caso, sería interesante investigar —lo cual podría ser tema de otro artículo— si don Daniel Ortega está embrujado, si está siendo víctima del hechizo del Poder.

Noticias Servicios Suplementos Especiales Publicidad Enlaces
Mapa del Sitio Nicas en el Exterior Contactos Ayuda
© LA PRENSA 2006 Aviso legal Política de privacidad Consultas y Sugerencias
Manual de Estilo de LA PRENSA
Fotorreportajes
Festival de Poesía de Granada 2007
Sucesos del 2006: Nicaragua
Búsqueda